Arte superficial...

   Se dice que todos necesitamos una inspiración para hacer las cosas. Pero en especial para los artistas (creo que casi todos) existe lo que es llamado 'musa'. Mujer ideal, perfecta para los sentidos del artista, exuda gracia y melancolía, decepción y rechazo. Nunca se da cuenta que no es perfecta, nunca lo quiere creer. Al menos para él siempre será perfecta, pues la musa no es una... la musa es la musa.
   Al día siguiente encontrará a otra persona y dirá que es perfecta, vivirá su perfección ideal, la amará según él: en realidad, simplemente será prisionero de una pasión agotable, cambiante, vulnerable y sofocante. No sabrá pronto la diferencia entre el cielo y el suelo. No sabrá si vuela o se arrastra. Él vive una pasión, pasión carnívora que se alimenta de su corazón, pasión felona que de un día a otro lo dejará sólo, de un día a otro le dirá que fue muy débil para ella. De pronto el artista se convierte en mortal, en sí despierta a la realidad. Odia la muerte, pero de repente se va hacia ella porque busca probar suerte con ella, quiere reemplazar lo que la  pasión no le dio. Quiere calma después de todo.
   Entonces esa mujer ideal lo lleva al cielo. Siente el calor abrasador del verano infernal mientras se acerca al umbral y se da cuenta que cometió pecado: murió sin arte, y es que la muerte con arte sólo es la natural... se convirtió en un cadáver más de los de la fosa común. En el mundo podrido por industrias y magnates egoístas. Dejó lo último de humano que tenía, nunca alcanzó la felicidad, murió y posiblemente viva en la historia del arte. Pero una biografía así sólo muestra que "pintaba muy hermoso, escribía muy hermoso, cantaba muy hermoso... que pena que desperdició su vida". Esta es la historia de muchos artistas... esta es la historia de hombres que supieron manejar el arte, pero no supieron vivirlo...

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