Dormir, soñar, vivir. Eso es el descanso para mí. Cada sueño es una vida, un momento de genialidad que pasa por nuestros ojos en su ilógica concordancia. Entonces lo imposible se vuelve posible, y por momentos creemos que son parte de la realidad.
Cuán genial es descansar el cuerpo, en sí, relajar nuestros músculo y liberar la tensión. Sólo así me siento bien, y cuando no cumplo con mi horario biológico siento que me descompongo. Pero sobretodo, disfruto soñar. Nuestros anhelos son convertidos en realidad, nuestros mayores temores también. Los sueños son la extensión de nuestras vidas, de nuestra memoria. Es un recuento y una selección de lo que mantendremos guardado y lo que olvidaremos.
Dormir siempre ha sido una inspiración, siempre ha sido lo que nos devuelve la vida cada mañana. Pues soñar es como morir, sólo que con actividad biológica. Las horas de la madrugada son amigas del silencio, pero enemigas de la energía.
Yo empiezo a entrar en la fase de ensueños... así que mejor descansaré.
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