Hola.
¿No sucede a veces que uno crea historias en la mente? Algunas podrían haberse convertido en libros interesantes o novelas juveniles de esas que se venden por montones, quizá también en películas. Pero quizá algo inevitable es que cada una de esas historias tienen un final, según como uno las sepa contar y, a veces, solo quedan finales inconclusos.
Bienvenidos.
Fin.
Por ejemplo.
El personaje principal de esta historia es difícil de describir. Es simplemente así, tal y como puedas forzar tu imaginación, algo así. No te diré el porqué aún, sólo fuerza tu imaginación y estoy seguro que la habrás imaginado. Podrías imaginar sus cabellos, el color, la forma, también puedes imaginarlo atado de vez en cuando, si lo tiene largo. Puedes imaginar sus ojos, con ojeras usualmente, cansados, a veces. Puedes imaginar su sonrisa, sus labios pegados dibujando una curva. Así es ella.
Está sentada, revisa de vez en cuando su celular, habla, ríe, absorbe un poco de eso que están tomando, quizá café, jugo, té. Tú escuchas, ella habla. La hora pasa rápido, te vas sabiendo que regresarás al mismo lugar una vez más, quizá por casualidad o porque lo planeaste así. Y acaba la noche, extrañamente temprano...
Podrías decir que hablaron mucho, demasiado, quizá el tiempo fluía entre conversaciones que nunca acababan. Nunca te diste cuenta, porque te preocupaste en comer, en jugar, en ver la película. Todo sucedió tan rápido, hasta que torpemente dijiste algo que que borró esa sonrisa, que no viste, entrecerró los ojos, que no tomaste en cuenta, y la llevó a mirar la hora en su celular y decir que era tarde. Esperaste a que se vaya, la acompañaste, pero era tarde. No te diste cuenta de que había soltado sus cabellos, si los tenía largos, y que miraba hacia otro lado mientras se despedía, ni su sonrisa de compromiso.
Ahora puedes estar pensando en las mil posibilidades, pero se te escapan esos segundos, cada uno de esos que ella esperaba. Aunque dicen por ahí que nunca lo pensó, y es muy probable. Nunca lo pudiste saber. Y quizá lo peor para ella, si sus amigos mintiesen, es que sólo atinaste a fingir que no te importó.
El personaje principal de esta historia se va. Se van con ella, sus cabellos, sus lindos ojos cansados, su sonrisa y su risa extraña, que hasta a veces a uno hacen soñar.
Tomas la misma ruta que ella, unos minutos después...
¿No sucede a veces que uno crea historias en la mente? Algunas podrían haberse convertido en libros interesantes o novelas juveniles de esas que se venden por montones, quizá también en películas. Pero quizá algo inevitable es que cada una de esas historias tienen un final, según como uno las sepa contar y, a veces, solo quedan finales inconclusos.
Bienvenidos.
Fin.
Por ejemplo.
El personaje principal de esta historia es difícil de describir. Es simplemente así, tal y como puedas forzar tu imaginación, algo así. No te diré el porqué aún, sólo fuerza tu imaginación y estoy seguro que la habrás imaginado. Podrías imaginar sus cabellos, el color, la forma, también puedes imaginarlo atado de vez en cuando, si lo tiene largo. Puedes imaginar sus ojos, con ojeras usualmente, cansados, a veces. Puedes imaginar su sonrisa, sus labios pegados dibujando una curva. Así es ella.
Está sentada, revisa de vez en cuando su celular, habla, ríe, absorbe un poco de eso que están tomando, quizá café, jugo, té. Tú escuchas, ella habla. La hora pasa rápido, te vas sabiendo que regresarás al mismo lugar una vez más, quizá por casualidad o porque lo planeaste así. Y acaba la noche, extrañamente temprano...
Podrías decir que hablaron mucho, demasiado, quizá el tiempo fluía entre conversaciones que nunca acababan. Nunca te diste cuenta, porque te preocupaste en comer, en jugar, en ver la película. Todo sucedió tan rápido, hasta que torpemente dijiste algo que que borró esa sonrisa, que no viste, entrecerró los ojos, que no tomaste en cuenta, y la llevó a mirar la hora en su celular y decir que era tarde. Esperaste a que se vaya, la acompañaste, pero era tarde. No te diste cuenta de que había soltado sus cabellos, si los tenía largos, y que miraba hacia otro lado mientras se despedía, ni su sonrisa de compromiso.
Ahora puedes estar pensando en las mil posibilidades, pero se te escapan esos segundos, cada uno de esos que ella esperaba. Aunque dicen por ahí que nunca lo pensó, y es muy probable. Nunca lo pudiste saber. Y quizá lo peor para ella, si sus amigos mintiesen, es que sólo atinaste a fingir que no te importó.
El personaje principal de esta historia se va. Se van con ella, sus cabellos, sus lindos ojos cansados, su sonrisa y su risa extraña, que hasta a veces a uno hacen soñar.
Tomas la misma ruta que ella, unos minutos después...
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